Nadie las quiere, pero les da exactamente igual. Hace dos años Apple lanzó las Vision Pro y no se volvió a saber nada de ellas. Hace un año Samsung y Google sacaron las Galaxy XR por 1.800 cucufloros y tampoco se volvió a saber nada de ellas. Valve acaba de presentar su nuevo visor. Snapchat, las suyas: 2.000 chapas, y el CEO tiene al menos la vergüenza de no ponérselas cuando anuncia el precio. Y hace unos días Mark Zuckerberg salió al escenario del evento más importante de Meta para enseñarnos más de cien modelos de gafas de realidad virtual e inteligentes. Más que el fundador de Facebook, parecía el dueño de una franquicia de ópticas. O el presentador de un programa infantil, rodeado de muñecos.
¿Por qué insisten tanto con las gafas de realidad virtual? Con este asunto las grandes tecnológicas nos están haciendo la del ganso: metérnoslas por el pescuezo, queramos o no. Y hay un motivo muy concreto, uno que ninguna de estas empresas menciona en sus presentaciones. De eso va este artículo.
¿Por qué todas las tecnológicas quieren venderte unas gafas?
Si te preguntas qué es la realidad virtual, la respuesta corta es esta: una tecnología que sustituye lo que ven tus ojos por un entorno generado por ordenador, normalmente a través de unas gafas o un casco con pantallas pegadas a la cara. La versión menos corta es la que nos venden en cada presentación: un cacharro que nos acerque a su idea de futuro. Otro montón de plástico que por fin elimine esa molesta porción de mundo real que todavía tenemos que soportar, ese aire inútil que flota entre nuestros ojos y la pantalla.
Todas obsesionadas con que nuestro mundo se reduzca a una pantalla. Una pantalla que, encima, ni siquiera podremos guardar en el bolsillo. Si lo piensas, es perverso. Y no exagero cuando digo «todas»: Apple, Samsung, Google, Meta, Snap, Xiaomi, LG… Solo falta Hacendado, pero dales tiempo, que Mercadona nunca defrauda.
¿Cuánto cuestan unas gafas de realidad virtual? Los precios de Apple, Samsung, Snap y Meta
Antes de entrar en el motivo, hablemos de dinero, que es lo primero que busca cualquiera: ¿cuánto valen las gafas de realidad virtual que nos quieren colocar? Spoiler: no son precisamente un capricho. Esto es lo que cuestan hoy los modelos de los que todo el mundo habla, por si te estabas preguntando cuánto valen unas gafas de realidad virtual de gama alta.
Empecemos por la abominación de Apple. Las Apple Vision Pro parten de un muy razonable precio de 3.699 dólares, unos 3.700 cucuflondrios. Cosa extrañísima, teniendo en cuenta el precio, que no hayamos vuelto a saber nada de ellas.
Las Samsung Galaxy XR, la respuesta de Samsung y Google, cuestan 1.799,99 dólares. La mitad que las de Apple, sí, pero siguen costando lo que un buen portátil.
Snap, la empresa de Snapchat, ha puesto a la venta sus gafas de realidad aumentada Specs por 2.195 dólares. No, no, en serio: 2.000 chapas por unas gafas.
¿Cuánto valen unas gafas de realidad virtual de Meta?
Y luego está Meta. Su nuevo modelo, las Meta VR Glasses, es muy parecido a las Vision Pro y, según nos cuentan, va a cambiar el mundo por dos motivos. El primero: solo pesa 100 gramos, frente a los 600 de las gafas de Apple (no hay Dios que esté en su casa y desee ponerse eso, en serio).
El segundo motivo es que son «mucho más asequibles». ¿Cuánto cuestan unas gafas de realidad virtual de Meta? 1.299 dólares, más o menos un sueldo mensual español. Llegarán en la primavera de 2027 y servirán para ver películas, ahorrarte un teclado, hacer como que trabajas y hacer el mono con juegos que solo puedes ver tú.
Spoiler: van a ser un fracaso.
Las 3 categorías de gafas inteligentes (y cuál es la única que se vende)
Aunque Meta presentó más de cien modelos (el modelo esquiador, el modelo Bob Dylan…), en realidad en esto de las gafas inteligentes que nadie necesita solo existen tres categorías. La diferencia está en el grado de inmersión, es decir, en cuánto te separan del mundo real.
1. Cascos y gafas de realidad virtual
Pantalla completa, inmersión total. Son las que peor se venden: los envíos de cascos de realidad virtual cayeron casi un 80% en el segundo trimestre de 2026.
2. Gafas de realidad aumentada
Como las Specs de Snapchat: superponen elementos digitales sobre lo que ves, para, por ejemplo, hacer música con espinas dorsales flotantes. Lo digo literalmente: hay un vídeo promocional de una señora haciendo exactamente eso, y no llega ni a las mil visitas.
3. Gafas inteligentes o smart glasses
Algunas con pantalla y otras sin ella, algunas con cámara y otras solo con audio. En lugar de sacarte del planeta Tierra, pretenden ser una ayuda visual o auditiva: traducir en tiempo real, copiar en un examen o preguntarle a tu armario si hoy hace frío. Esta tercera categoría es la única que funciona: las gafas inteligentes con IA dispararon los envíos globales de gafas hasta los 4 millones de unidades en el segundo trimestre de 2026, mientras los cascos de realidad virtual se hundían.
Por eso Zuckerberg ha presentado este año la nueva versión de sus gafas Ray-Ban. Y el detalle que las hace posiblemente las más ridículas es que… no llevan cámara. La gente compra las Ray-Ban Meta precisamente por la cámara, y ahora sacan un modelo sin ella. Ahora vamos con eso.
¿Cuánto dinero gana Meta vendiendo gafas de realidad virtual?
Hay algo que a Zuckerberg siempre se le olvida mencionar en estos eventos: cuánto dinero gana vendiendo gafas. Te doy una pista: la respuesta es un número inferior, muy inferior, a cero.
Y el dato es duro, sobre todo si tenemos en cuenta que este chico no lleva precisamente dos días en el negocio de ser un mercachifle de gafas. En 2014 compró Oculus por 2.000 millones de dólares y en 2016 lanzó su primer modelo. Es decir, Zuckerberg lleva ya diez añitos intentando convencer al mundo de que esto de los auriculares para los ojos tiene algún sentido.
Y sí, tener una pantalla de cine portátil puede tener sentido. Pero no tiene demanda. La gente no quiere sentir que está dentro de un partido. La gente quiere ver el partido.
Reality Labs: 4.620 millones de pérdidas en un solo trimestre
Los datos oficiales del informe de resultados de Meta del segundo trimestre de 2026 son dolorosos. La división de realidad virtual, Reality Labs, facturó 431 millones de dólares por venta de aparatos, un pelín más que los 370 del año anterior gracias a las Ray-Ban con cámara. ¿El agujero operativo? Menos 4.620 millones de dólares. Insisto: en un solo trimestre.
Dicho de otro modo: en lo referente a gafas, en Meta entra un dólar y vuelan once. La empresa solo puede soportarlo gracias a lo que ingresa por la publicidad de Instagram, Facebook y WhatsApp.
El historial de Zuckerberg: una gran idea y veinte años de intentos
¿Podemos, por favor, empezar a hablar claro sobre quién es realmente Mark Zuckerberg? Este hombre es el quinto o sexto hombre más rico del mundo, según el día, porque hace dos décadas sacó una aplicación que ya solo usan los mayores de 50 años. Ya está. Eso es todo.
Después de Facebook, se ha pasado veintitantos años intentando replicar un éxito similar, gastando el dinero que le siguen generando los anuncios en proyectos reguleros, malos y terribles. Lo más relevante de la Meta post-Facebook son dos productos que no creó, sino que compró: WhatsApp e Instagram. Copió a Snapchat con las stories y le salió bien. Copió a Twitter con Threads y le salió un Twitter de Temu que no usa nadie. Y entre medias se gastó más de 80.000 millones de dólares en un metaverso que no le interesó a nadie.
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Ahora bien, para ser justos: decir que nadie las quiere no es del todo cierto. EssilorLuxottica, fabricante de Ray-Ban, triplicó las ventas de sus gafas con Meta AI en 2025, y en tres años se han vendido unos 9 millones de Ray-Ban inteligentes. Aun así, como acabamos de ver, la cifra está a años luz de hacer el producto rentable. Y si se venden es porque llevan cámara.
El verdadero motivo: controlar la próxima gran plataforma
¿Por qué este empeño en vendernos unas gafas? ¿Por qué no se rinden? Una década de tímida acogida debería ser prueba más que suficiente de que no es por aquí. Pero lo que hay realmente detrás de toda esta inversión es la colonización de la próxima plataforma informática.
En la era digital hemos vivido tres implantaciones fundamentales: el ordenador de sobremesa, el portátil y el smartphone. Quien consiga controlar la próxima plataforma dominante, que todavía no sabemos cuál será, controlará tres cosas:
Por eso Amazon y Microsoft intentaron conquistar el mundo con teléfonos que fracasaron. Meta, Apple, Google y compañía no quieren depender del ecosistema de la competencia en el posible próximo gran producto. Y una nueva plataforma significa nuevos espacios para colocar publicidad. Lo estamos viendo ya con frigoríficos con anuncios y con televisores.
Por cierto, un apunte importante: hace poco se demostró que algunos televisores de LG graban audio con la pantalla apagada y rastrean los dispositivos de la red de casa.
Un dispositivo pegado a tu cara, que sigue tu mirada, tus gestos y tu entorno, genera información valiosísima sobre tu comportamiento. Para un modelo de negocio basado en la atención, es una mina de oro. Y a esta gente, como ya sabemos, le da completamente igual que plantee serios problemas de privacidad: llevan años saltándose leyes de protección de datos y, cuando los pillan, se hacen los despistados, pagan la multa y prometen que nunca más volverá a pasar.
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Gafas sin cámara, pero con seis micrófonos escuchándote
Este año, por algún motivo, Meta ha decidido lanzar unas Ray-Ban sin cámara. Unas gafas con las que puedes hablar con la inteligencia artificial gracias a que llevan seis micrófonos incorporados escuchándote en todo momento. La prensa no ha tardado en leerlo como lo que es: una forma de aplacar la mala fama de las «gafas de pervertido».
Alex Himel, vicepresidente de wearables de Meta (traducido: cosas tecnológicas para llevar encima que no necesitas), ha defendido las nuevas Ray-Ban diciendo que te escuchan, pero que en realidad no te escuchan, pero que sí te escuchan. Para que nos entendamos: funcionan como Alexa u «OK Google». Están pendientes en todo momento de que pronuncies la palabra mágica y, solo entonces, empiezan a escuchar lo que dices. No sé, eso de llevar seis micrófonos encima las 24 horas del día a mí me suena a plan sin fisuras para la privacidad.
¿Para qué sirve la realidad virtual? Cirujanos, sí; el resto, no tanto
En todo este asunto se ha producido un fenómeno curioso: las gafas han gustado, pero no del modo en que sus responsables desearían. No está claro cuánto se ha gastado Apple en las Vision Pro, pero se estima que entre 10.000 y 30.000 millones de dólares.
La acogida ya la conocemos: Apple recortó la producción de las Vision Pro por falta de demanda.
Y, sin embargo, cada vez leemos más noticias sobre cómo las Vision Pro están ayudando a muchísimos cirujanos a hacer mejor su trabajo. La empresa Stryker incluso ha desarrollado una aplicación para que las operaciones de cadera sean más eficientes, y un estudio analizó su uso en 174 procedimientos médicos realizados en menos de dos años. Así que, si alguien te pregunta para qué sirve la realidad virtual, ahí tienes una respuesta seria.
¿Pasa algo parecido con las Ray-Ban de Meta? Dime, por favor, a cuántas personas conoces que las usen a diario. Yo, a ninguna. Y tampoco veo vídeos de gente navegando por Google Maps con el dedito en el aire. En cambio, el algoritmo sí me recomienda muchos vídeos de personas que las usan para grabar lo que les pasa, como un vendedor ambulante que cruza la frontera de México con ellas puestas, porque grabarlo todo le hace sentirse más seguro.
¿Son las gafas el próximo smartphone? Mi opinión
Personalmente, no creo que veamos un salto de la magnitud del smartphone hasta que lleguen las lentillas inteligentes o los implantes cerebrales tipo Neuralink. Ningún modelo de gafas va a tener la adopción masiva del móvil, porque con el smartphone haces así (lo guardas en el bolsillo) y la vida tal y como la conocías sigue igual. Con este cacharro, no.
De hecho, las gafas son tan prescindibles que, en la misma presentación, Meta enseñó una especie de tamagotchi que hace lo mismo: el Muse Charm, un llaverito con asistente de IA. Fue el producto al que menos tiempo dedicaron, apenas un minuto, y paradójicamente el único que, en mi opinión, podría tener algo de éxito.
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Resumiendo: querían que usáramos las gafas de realidad virtual para ver películas, hacer el ganso y preguntarle al armario si va a llover. Y los pocos que las han comprado lo han hecho porque han encontrado en ellas una herramienta que les ayuda en su trabajo. Corporaciones gastándose miles de millones en productos deficitarios que, en momentos puntuales, mejoran la vida de algunas personas. Me parece una conclusión positiva, ¿no? Pues que siga la fiesta.















